Pensando en voz alta.

Cuando hace unos años (tampoco tantos) irrumpieron en el panorama fotográfico las primeras réflex orientadas al gran público. Comenzó un proceso imparable de democratización y cambio del paradigma fotográfico. La desaparición de los costes que suponían al usuario utilizar soporte químicos y la inmediatez en la visualización de las fotografías captó a un gran número de consumidores que se lanzaron en pos de este nuevo producto de electrónica de consumo: la cámara réflex digital.

Portell de Morella
Instagram + HTC Sensation

La irrupción de los smartphones, pero especialmente de las tarifas planas (que no son tan planas)  de datos han sido las que han dado el giro definitivo a la fotografía. Parece que hoy en día ya no es suficiente con hacer una fotografía técnicamente correcta, con una buena elección de motivos. De hecho parece que esto ha perdido peso en detrimento de la capacidad de compartirla en tiempo real. De mostrarla y lograr el mayor feedback posible de la instantánea. Prueba de ello es el éxito de aplicaciones tipo instagram o similares que, pese al disgusto de algunos de los usuarios de la manzana por la pérdida del monopolio en el uso de esta aplicación, ha democratizado la capacidad de compartir una imagen con quien quieras, cuando quieras y (con el permiso de las operadoras y sus rangos de cobertura) desde donde quieras.

Y por si algún lector despistado cae en el error de pensar que estoy criticando una evolución técnica y social, déjenme aclararles que en ningún caso estoy en contra de estas tecnologías de las que soy usuario, de unas más veterano que de otras. Lo que sí quiero destacar es que ante esta avalancha de usuarios y contenidos. Cada vez más uno se siente como Diógenes buscando un hombre linterna en mano corriendo por el mercado. Hay un largo trecho entre ser usuario de un aparato capaz de captar imágenes y el hecho de ser fotógrafo. En este punto recuerdo las palabras de un amigo y maestro:

“El aficionado se preocupa del equipo. El profesional del precio. El maestro de la luz”

De todo hay en estos mundos

Inaudito, vergonzoso, chapucero y una interminable lista de calificativos en esta línea son los que se me ocurren al pensar sobre algo que me ha ocurrido hoy. Un amigo de mi hermano, aficionado al mundo de la moto clásica, le ha comentado que en el facebook de Vespa España  aparecía una foto sospechosamente parecida a una de mis fotografías. Que para más inri la habían presentado a un concurso y que para rematar la faena había ganado. (todo ello sin nombrar al autor original, es decir a mi, pues la autoría se la atribuye otra persona)

Como nunca está de más comprobar la información,acudo a dicha dirección y efectivamente, ha sido ganadora del concurso de fotografía semanal que organizan desde Vespa España. Siendo el premio para el afortunado ganador una, seguro que preciosa, sudadera Vespa. La verdad sea dicha, la sudadera en si me da bastante igual, pero el hecho de que energúmenos de esta catadura moral pululen por el mundo sin que nadie les ponga de vez en cuando la carita roja de verguenza ya es harina de otro costal. Para colmo de males el perpetrador de esta acción ha mutilado la fotografía, que puede verse en mi flickr personal  desde el 11 de Junio de este año, para omitir así mi firma y marca de agua. Pero como sus conocimientos de edición no deben ser muy elevados se ha limitado a cortarla por arriba y por abajo dejando los laterales del marco huerfanitos. Por si la presentación de las fotografía de mi flickr no fuera suficiente para demostrar mi autoría sobre dicha obra, tengo en mi poder el negativo digital ( RAW) que una vez procesado da origen a la fotografía en cuestión, cosa que dudo pueda demostrar poseer el supuesto autor de la obra.

Dado que esto no es la primera vez que pasa y por desgracia a buen seguro no será la última vez que veamos un suceso tan tristemente vergonzoso, os animamos desde Light Project a que denunciéis este tipo de comportamiento.

Melchor Zapata. Dibujante, pintor, escultor.

Melchor Zapata I

¿Cómo es posible imaginar que 30 minutos y unas fotografías pueden acabar marcando tanto a una persona? La respuesta es sencilla, no se puede. Al menos quien escribe estas líneas fue incapaz. Había preparado el equipo durante la mañana. Dos cuerpos, un 18-70, un 28mm, un 50mm, un 28-80 e incluso un 200mm pensando en la variedad de planos que podría captar con ellos imaginando situaciones, ángulos y encuadres.

Todo planeado, todo pensado. Ángulos, poses, las lentes a utilizar en cada toma, en resumen todo estaba perfectamente planificado y de hecho todo siguió así hasta que llegué al taller en Nules donde me había citado con Melchor. La primera visión ya fue señal inequívoca de lo que me tenía preparado el destino para los próximos minutos, Melchor emergía de entre los hierros que poco a poco irán cogiendo forma hasta convertirse en su nueva obra.  Ofrece su antebrazo, por cortesía al visitante, pues sus manos se encuentran ennegrecidas por la herrumbre y el contacto con el metal que trabaja, sus ojos en cambio brillan con la luz propia de aquellos que disfrutan con lo que hacen y ponen su espíritu y buena parte de su energía en ello, prueba de eso son las gotas de sudor que perlan su frente.

Melchor Zapata II

Melchor Zapata V

Melchor Zapata VI

Melchor Zapata trabajando en una de sus esculturas.

Melchor Zapata IV

Y con esta breve presentación y el primer impacto visual se derrumbaron todos y cada uno de los planos que tenía pensados y la sesión fotográfica pasó a ser un «sígueme si puedes». Había que olvidarse de cambios de objetivos, de poses y en general de cualquier artificio. Así que elegí el cuerpo con el 18-70 y comencé a tomar una instantánea tras otra, procurando acercarme al máximo, usando el extremo más angular de la lente, exagerando perspectivas y metiendo la cámara en la acción.

Para la iluminación me ayudé de un flash metz 48 al que acoplé una softbox y que me ayudaba a iluminar allí donde la luz procedente de la gran puerta de la nave no alcanzaba.Pasada una media hora se acercaba la hora de cierre del taller y con ello el fin de la sesión, que dicho sea de paso pareció transcurrir en apenas 5 minutos. Pero que fueron más que suficientes para tomar las fotografías que ilustran este breve artículo y que pueden ser vistas aquí y de paso para que a este fotógrafo le ronden un par de proyectos por la mente relacionados con un reportaje completo y que recoja varios meses y fases del trabajo de un artista. Todo se andará.